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Cerámica Guane

Las manos moldean la sabiduría del barro.

Los indígenas Guane,  antiguos habitantes de esta región, eran expertos ceramistas. Las piezas halladas: jarrones, tinajas, ánforas, ollas, copas, se  fabricaban con excelencia, variedad de diseños y formas. 

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Cerámica Guane

Las manos moldean la sabiduría del barro.

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Con dibujos  pintados en colores rojizos o grabados en la superficie con incisiones: espirales simples y radiadas  que representan al Sol- Zua su Dios. Formas de Cruz representando  los 4 puntos cardinales y  rombos.  Usaban arcillas muy plásticas de tonos pardo, amarillo y rosado.

 

La cerámica fué importante en la economía Guane. Junto con las mantas y demás tejidos en algodón y fique; los recipientes en barro cocido, se llevaban  al mercado de Sorocotá (hoy Moniquirá)  donde lo intercambiaban  con el pueblo Muisca por sal, adornos y caracoles.

 

Las crónicas de la  Conquista  hablan que en el siglo XVI,  los indígenas de  Lubigará eran olleros y hacían loza para venderla. Durante la colonia, los españoles explotaron la gran habilidad en tejidos y cerámica de los Guane para su consumo y como base de su industria para exportación. Lo  que contribuyó a su extinción.

 

El saber de la cerámica Guane aunque en riesgo, ha continuado igual hasta hoy.  Ana Felisa Alquichire   exaltada como patrimonio cultural inmaterial, ceramista ancestral  y descendiente  directa de los Guane,  heredó el  Saber  de  su madre y abuela. Antes de morir  a los 90 años, enseño  a su hija Bernardita  todos los secretos de la cerámica de barro. Hoy, varias “Mujeres del Barro” a pesar de su avanzada edad, continúan esta tradición.

 

PROCESO

El barro se saca con barra de la mina. Antes  se usaban zurrones de cuero de vaca para cargarla en la espalda y había que  pagar al dueño de los terrenos. Ahora se va en camión, se recoge sin tener que pagar y se lleva hasta el taller dentro de la finca.

 

La piedra  con cuarzo  y otros minerales que ayudan a dar dureza y consistencia a las piezas,   se debe ir a recoger, se queman, se parte y se muelen a mano con piedras de amolar, hasta quedar en polvo para mezclar con el barro.

 

La “majoniada”  o amasada del barro se hace  rompiendo los terrones,  echando agua con buen tanteo que no quede “champaleao”, con exceso agua. Según la cantidad de piezas, el montón  de barro se amasa con las manos  o pisándolo.

 

Para el moldeo o modelado, la herramienta principal son las manos de la Sabedora. La ceramista va tomando trozos o tiras de masa y las van  uniendo y dando forma a la pieza. Usa cucharas de totumo de diferente forma para sentar la vasija,  raspar y  alisar. Y un cuchillo bien afilado para recortar los bordes y quitar imperfecciones.

 

Se fabrican ollas, ures (para guarapo o chicha),  tejos (para asar arepas y tostar hormigas),  sartenes, platos, pocillos,  jarras, hornillas  así como figuras religiosas y artesanales.

 

Cuando las piezas están moldeadas se ponen a secar a la sombra con buena brisa. Pueden durar desde 20 días hasta  3 meses en secado, según el tamaño. Cuando se ponen blancas, es indicativo que están secas y listas para quemar.

 

No se utiliza horno, sino una fogata sobre la tierra. Se busca un terreno inclinado donde corra buen viento. Se coloca una piedra grande que sirve de centro para apoyar,  casi verticalmente,  chamizos y leña.  Luego se colocan  las  piezas de cerámica cruda y  nuevamente  leña y cerámica. Luego se prende el fuego.

 

El quemador tiene el ojo para saber cuándo esta lista la pieza, la saca con ayuda  de una horqueta y la deja enfriar por 2 días.  Finalmente, las piezas están listas para exhibir y vender.