Sombrero Jipijapa

Cien mujeres se reunían en torno al maestro Sombrerero,

inclinadas sobre el blanco manojo de jipijapa.

A mitad del siglo XIX, los vecinos pudientes de Barichara a instancias del cura párroco de Girón, trajeron un sombrerero desde Pasto, que enseñó durante meses el arte de tejer la jipijapa. Se instalaron talleres gratuitos para casi 100 mujeres que se reunían en torno al maestro, inclinadas sobre el blanco manojo de nacuma. En 1890 Barichara ya contaba con una gran industria artesanal de sombreros. Cerca de 200 familias se dedicaban a tejer la jipijapa. 

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Sombrero Jipijapa

Cien mujeres se reunían en torno al maestro Sombrerero, inclinadas sobre el blanco manojo de jipijapa.

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La tradición procedía de Ecuador de un pueblo llamado Jipijapa. A inicios del siglo XIX ingreso por Nariño y se extendió hacia el norte del país. En regiones de clima cálido como Barichara, era fácil conseguir la palma silvestre o cultivarla. Su nombre variaba según la región: palmilla, palmiche, murrapo, iraca o nacuma.

 

Fabricas artesanales surgieron en todo el país, para crear una importante manufactura nacional que tuvo un gran mercado en el exterior durante más de cincuenta años. En 1852 una comisión de notables liderada por Rufino Cuervo promovió la participación de los sombrereros colombianos en la Gran Exposición de la Industria de todas las Naciones, de Londres. En 1858 los sombreros constituían el 25% de las exportaciones colombianas. En 1865 se exportaron más de un millón de sombreros elaborados en 1290 sombrererías de tierras santandereanas.

 

La realeza europea, estrellas de Hollywood, Rockefeller, Teodoro Roosevelt y políticos famosos como Winston Churchill, fueron publicidad ambulante para los sombreros de Jipijapa. El inicio de la gran depresión y la segunda guerra mundial terminaron con la exportación. Luego, la moda de los sombreros de fieltro, desplazaron al sombrero de iraca.

 

En Colombia, el cambio de tradiciones, la moda y nuevas tendencias, relegaron el uso de sombrero limitándolo a Ferias, cabalgatas y paseos de finca. Para el campesino tradicional, su sombrero es parte de su identidad, lo protege del sol y la lluvia, identifica con orgullo su origen. Pero las nuevas generaciones en el campo han optado más por uso de gorras.

 

Estos sombreros vuelven a tomar importancia para la necesaria protección de la luz solar, por su material ecológico y como obra maestra de nuestras Sabedoras Patiamarillas, que merecen ser apoyadas.

 

Turistas y Estudiantes visitan a las tejedoras para conocer su Saber, compartir su  historia y cultura e incluso tomar talleres para aprender este arte.

 

PROCESO:

 

La elaboración de 1 sombrero dura 1 semana desde la recolección de la palma hasta su terminación.

 

Las herramientas usadas son: una horma de madera, una cinta de cuero para ajustar la talla, cuchillo, mazo de madera y unas manos expertas. 

 

Se retirar los cogollos de la palma, se azotan para que se abran, se hace el ripiado rayándolos con agujas para desvenar y separan las hojas. Se hierven en agua con limón por 1 hora. Se lavan con agua fría y se secan a la sombra.

 

La elaboración del sombrero se inicia de inmediato para que la fibra no pierda la flexibilidad.

 

El sombrero tiene 4 partes: el empiezo, el plato, la copa y el ala. El tejido inicia por el empiezo y se teje la paja de forma circular. En el plato del sombrero se hace el crecido del mismo, introduciendo cada vez más fibras, intercalándolas cada tres o cuatro vueltas. La horma se requiere cuando se inicia la copa para darle la forma al sombrero. Con la cinta se cuero se va apretando y templando el tejido. Finalizada el ala se hace el remate, un tejido de cordón que asegura todas las fibras.

 

Terminado el sombrero, se utiliza un mazo de madera para golpearlo sobre una superficie dura, para darle las formas finales como quiebres y las curvas.